La sociedad
El primero y más importante sector social del Porfiriato fue
el de los latifundistas (hacendados), pues el sector empresarial mexicano era
escaso y débil. Para los hacendados, se promovieron diversas leyes que
tendieron que eliminar el límite a la propiedad privada y a la obligación no
sus propietarios de cultivar toda la tierra poseída, además no su política de
colonización favorable para extranjeros, mediante la formación de compañías
deslindadoras lo que a qué vez provocó la concentración de la propiedad de la
tierra de unas cuántas familias. A la vuelta de los años, las grandes haciendas
se vieron fortalecidas. Muchas de estar propiedades se incrementaron mediante
el despojo a las comunidades indignas. Al respecto, Fredrich Katz ha calculado
que aproximadamente 95% de las aldeas comunales perdieron pues tierras mediante
el período.
Es importante mencionar el papel social, de facto,
desempeñado por los grandes hacendados durante el Porfiriato, pues el estado
delegó en ellos una serie de
atribuciones públicas, que los convirtió en el sector que detentaba el control
social, político incluso militar en la población rural. Los abuso cometidos
provocaron un profundo malestar entre los campesinos, particularmente en lo
relativo al despojo de la propiedad comunal.
En términos generales, podemos señalar que había cuatro
clases en trabajadores en las haciendas del período: los peones acasillados o
gañanes, de residencia permanente; los trabajadores eventuales; los
arrendatarios y los medieros o aparceros. Si bien las condiciones de vida y de
trabajo de los campesinos variaban mucho de una región a otra, podemos señalar
ciertas características generales que distinguieron la vida en el campo durante
el Porfiriato. El pago a los trabajadores del campo se hacía, por lo general,
en dinero y en especie, esto últimos mediante las llamadas tiendas de raya,
propiedad del hacendado, el endeudamiento al que con frecuencia recurrían los
campesinos, los obligaban a permanecer a las haciendas, teniendo así
garantizado el hacendado la mano de obra para su finca. Además como la deudas
contraídas con el patrón eran hereditarias, ello dio lugar a grandes abusos y
arbitrariedades, lo que sembró un profundo malestar en amplias regiones del
país, y su abolición fue unas de las demandas de la Revolución de 1910.



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