La política durante Porfiriato
Porfirio Díaz creó un sistema político para implementar la
estabilidad y control político en el país. Algunos antecedentes de ese sistema
se encuentran en los gobiernos de Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada,
quienes tuvieron que fortalecer el poder ejecutivo más allá de lo que les
permitía la Constitución de 1857, en una situación de lucha entre los propios
liberales, divididos en facciones (lerdistas, porfiristas, juaristas e iglesistas).
Juárez había iniciado la negociación con algunos actores
políticos, sin embargo, ni él ni Lerdo lograron crear un sistema político. Lo
que caracteriza a Porfirio Díaz es la profundización y ampliación del
procedimiento iniciado por Juárez: la negociación y la conciliación.
Los elementos del sistema político porfirista son los
siguientes:
- · la centralización del poder;
- · el autoritarismo
- · la conciliación con los grupos políticos y regionales;
- · la represión en las situaciones de sedición y revuelta;
- · El control sobre los medios y el sistema electoral.
contienda electoral de 1911, auspiciando la fórmula Madero-De la Barra.
Todo ello encaminado a lograr la estabilidad política,
condición indispensable de lo que para Díaz era el objetivo fundamental de su
programa de gobierno: el progreso económico.
El sistema porfirista permitió el funcionamiento de las
relaciones entre el ejecutivo y el legislativo, así como entre el gobierno
federal, los estados y los diferentes actores políticos, lográndose con ello la
estabilidad suficiente para el impulso del crecimiento económico. Sin embargo,
la república democrática establecida en la Constitución (las libertades
políticas y la representación popular) estuvo ausente durante el Porfiriato,
siempre pospuesto y supeditado al logro del desarrollo económico.
CONCILIACIÓN POLÍTICA PORFIRISTA
Una idea rectora del programa de Díaz fue el progreso
material del país, objetivo que implicaba a su vez la paz y la estabilidad como
condiciones para el fomento de la economía y la inversión extranjera. Por lo
que estuvo dispuesto a ceder privilegios y establecer alianzas con los grupos
políticos que había enfrentado en otros tiempos.
En la construcción de este proyecto, Díaz utilizó diversos
medios: sus relaciones familiares; el otorgamiento de beneficios económicos
como subsidios, puestos públicos; así como reformas políticas (sin transformar
la Constitución) y el uso de la fuerza.
Sin embargo, nunca dejaron de existir la oposición de grupos políticos,
de la prensa y de ciertos sectores del clero mexicano.
A través de la conciliación o negociación, Díaz logró el
propósito de mantener cohesionados a los diferentes grupos liberales: los que
lo apoyaron en la revuelta de Tuxtepec, así como a los propios lerdistas
juaristas e iglesistas. Su matrimonio con Carmen Romero, hija del lerdista
Manuel Romero Rubio le permitió la adhesión de este grupo político. Además
también atrajo a una parte de los conservadores, sobre todo a miembros de la
iglesia católica.
El trato conciliador de Díaz con la Iglesia católica, le redituó la pasividad política y la colaboración de los conservadores católicos, sobre todo de sus miembros más destacados; a cambio la Iglesia aprovechó la tolerancia del gobierno e inició su reestructuración institucional.
El trato conciliador de Díaz con la Iglesia católica, le redituó la pasividad política y la colaboración de los conservadores católicos, sobre todo de sus miembros más destacados; a cambio la Iglesia aprovechó la tolerancia del gobierno e inició su reestructuración institucional.
Mesa
directiva del Partido Católico Nacional, presidida por
Centralización del poder
Uno de
los elementos principales del sistema político de Díaz lo constituyó la centralización
del poder político, que en el ámbito nacional hizo depender los
gobiernos estatales y municipales del poder federal central.
La centralización
se expresó en el sistema electoral de la siguiente manera: los gobernadores
tenían que elegir una representación federal de diputados y senadores al Congreso
para apoyar la reelección de Díaz y en compensación ellos podían ejercer pleno
dominio político en su territorio local.
Esta práctica se
implementó en la distribución de las cuotas de poder a partir de los procesos
electorales: los candidatos propietarios a diputados federales y a senadores,
en su gran mayoría los imponía Porfirio Díaz a cambio otorgaba a los
gobernadores la plena libertad de hacer las listas de candidatos a diputados
para los congresos de sus estados y para el tribunal superior de justicia
local. Los gobernadores tenían la tarea de garantizar la paz y la estabilidad
en sus estados, en la solución de los conflictos de sedición y revuelta
prevaleció la intervención federal.
El hecho de que los
gobernadores ejercieran un fuerte dominio en su ámbito territorial significó un
mayor control sobre la diversidad de los grupos políticos regionales, lo que se
fue haciendo cada vez más notorio a partir de 1884, el inicio de la primera
reelección de Díaz. En este fortalecimiento del poder local de los gobernadores
jugaron un papel importante los jefes políticos, que eran intermediarios de los
gobernadores con los municipios, y algunos dependían directamente del mando de
Díaz para manipular a los alcaldes en los procesos electorales.
El Palacio Nacional
de la ciudad de México durante el aniversario de la batalla de Puebla
(1884-1885).
Autoritarismo
Díaz
justificó la represión cuando consideró que los actores políticos o sociales
habían optado por la sedición o la rebelión, es decir, cuando ya no era posible
recurrir a la conciliación o negociación; el otro aspecto de la justificación
radicaba en que el objetivo del progreso económiz<co exigía anteponer la paz
y la estabilidad a cualquier discordia política o social. Todo podía ser
tolerado y negociado excepto la sedición y la revuelta.
La decisión
de hacer respetar este elemento del sistema político se demostró en varios
momentos del Porfiriato, por ejemplo el fusilamiento de nueve oficiales
lerdistas en 1879 por órdenes del gobernador de Veracruz quien a su vez recibió
de Díaz la instrucción de “Mátelos en caliente” para castigar la sublevación
militar; la represión de rebeliones en el Valle del Yaqui y en Tomóchic, o de
las huelgas de los trabajadores de las minas de Cananea, Sonora y los obreros textiles
de Río Blanco, Veracruz.
Como en los
otros elementos del sistema político de Díaz, también el trato político hacia
una parte de la prensa se estructuró en función de asegurar las reelecciones y
de evitar rebeliones. Este fue el propósito de la política de subsidios; se
ejerció de una forma centralizada desde la Secretaría de Gobernación, los
gobernadores recibían los subsidios para periódicos acordes con el gobierno de
Díaz.
Líderes de
trabajadores mineros que fueron enviados a San Juan de Ulúa, Porfiriato.
Ya desde la primera reelección de Díaz fue notorio el apoyo
que recibió de periódicos oficialistas como La Libertad, La Reforma, La Prensa.
Algunos, al inicio apoyaron a Díaz pero después se volvieron críticos, como El
Ahuizote. Otros periódicos que también favorecieron al gobierno de Díaz fueron
los de las colonias extranjeras residentes en nuestro país, que a la vez eran
voceros de los inversionistas extranjeros y les interesaba la continuidad del
gobierno porfirista.
En los años de 1892 y 1893, como parte de la censura a las
posiciones antirreeleccionistas de la prensa, en la capital son clausurados los
periódicos El Demócrata, El 93 y La Oposición. A partir de 1900 destaca el
periódico Regeneración dirigido por los hermanos Flores Magón. La persecución
se intensifica, ejemplo de ello son las aprehensiones de los redactores de El
Hijo del Ahuizote y El Alacrán.
“La Aurora
de la libertad” Caricatura, El Ahuizote 1876.
Positivismo durante el Porfiriato
La base
ideológica más importante del Porfiriato fue el positivismo, corriente
filosófica, sociológica e histórica que surge en el siglo XIX, en Francia con
August Comte y Emile Durkheim, en Inglaterra con Herbert Spencer, entre otros.
El
positivismo es una ideología conservadora que tiene como fin el establecimiento
de un “orden” en la sociedad. “El francés Comte opuso a la ideología
revolucionaria de libertad sin límite, la idea de una libertad ordenada, de una
libertad que sirviera al orden. A la idea de igualdad opuso la idea de
jerarquía social. Ningún hombre es igual a otro; todos los hombres tienen un
determinado puesto social. Este lugar social estaba determinado por el trabajo
y las capacidades de cada uno. Comte considera que es necesario que haya en la
sociedad hombres que dirijan y trabajadores que obedezcan.
La sociedad
tiene que estar por encima de los intereses de los individuos. En ellas los
filósofos y los sabios bien preparados deberán dirigirla dentro del orden más
estricto, conduciéndola hacia el progreso más alto. Este ideal de orden social
fue traído a México como una política nacional. Una cultura elitista,
afrancesada y profundamente avergonzada de nuestra tradición indígena, fue la
cultura de la elite, que se recreaba en una pretendida modernidad de la cual
habían sido excluidos la mayoría de los mexicanos.” (Martínez Lira, El
porfiriato. 5-6).
El
positivismo fue introducido en México por Gabino Barreda, Porfirio Parra, Pablo
Macedo, Justo Sierra, Joaquín D. Casasús, José Yves Limantour, Emilio Rabasa,
entre otros. Los positivistas mexicanos
o “científicos” ejercieron una gran influencia en la orientación política y
administrativa del gobierno porfirista, ello se debe a que muchos de ellos
ascendieron a los más altos niveles de la burocracia y de la escala social y se
convirtieron en importantes asesores de Porfirio Díaz.
Señala María
Eugenia Martínez Lira: “Los intelectuales porfiristas herederos de Gabino
Barreda, hicieron numerosas interpretaciones del porfiriato, que disfrazadas de
“ciencia” positiva tendían a justificar el sistema, no solo en el sentido de
probar la necesidad histórica de una dictadura ilustrada en un país de
analfabetos; sino considerando indispensable que la clase que conociendo la
ciencia positiva del buen gobierno, fuera la única autorizada para hacerlo:
“los científicos”.
Para los
positivistas el orden social y progreso en México no era posible alcanzarla con
un gobierno democrático y protector de las libertades individuales, más bien
había que hacerlo por la vía de un gobierno fuerte y autoritario, lo que en
realidad sería la dictadura.
El gabinete
de Porfirio Díaz, conocidos como “los Científicos” (1910).







No hay comentarios:
Publicar un comentario