Economía
Este período se caracterizó por un nuevo tipo de
colonialismo, en el que los grandes países capitalistas de Europa y Estados
Unidos ya no se preocuparon por controlar de manera directa el mundo, sino que
lo hicieron mediante de apropiación de sus recursos y fuerzas productivas, como
la tierras, los minerales, los metales preciosos, la fuerza de trabajo entre
otros.
Las necesidades de los países industrializados aceleraron la
producción y exportación de alimentos y materias primas. Así como los países
periféricos implementaron medidas económicas favorables al capital extranjero,
con lo que convirtió en países monoexportadores de café, azúcar, trigo,
algodón, estaño, entre otros.
En américa latina este período se caracterizó por que sus
élites políticas adoptaron, en manera entusiasta, las políticas librecambistas
de apertura no mercados, promovidas por los países metropolitanos. La
producción de materias primas para exportación atrajo la inversión extranjera a
la región.
Inversiones extranjeras, exportación y desequilibrio
regionales.
Para conseguir el crecimiento económico de México, durante
el período se promovieron políticas liberalizadoras de la economía nacional y
se abrieron las puertas de México al capital extranjero. Los capitales, poco a
poco, empezaron arribar al país, procedente de las principales potencias
económicas. Gracias al capital extranjero, el país experimento un
extraordinario crecimiento economía, pero esto, a su vez, género nuevos
problemas. El crecimiento económico solo favoreció a unas regiones en México,
provocando grandes contrastes: unas regiones con grandes progresos económicos,
enfretadas a otras con grandes atrasos. La riqueza generada en estos años, por
otro lado, no impactó de manera significativa en los amplios sectores de la población
y se incremento en unas cuantas manos. Esto dio lugar a grandes tensiones y
malestares, que a la larga se expresaron en el movimiento revolucionario de
1910.
Las puertas del país fueron abiertas al capital extranjero y
su arribo masivo hizo posible la espectacular transformación económica
registrada. Fue tal la importancia del capital extranjero, que la suerte de las
regiones, de sus élites y poblaciones, quedó marcada por la forma en que se
insertarno al mercado nacional e internacio. Así, de manera paulatina, los
núcleos de poder político y económico fueron adquiriendo nuevos rostros. El
norte del país irrupió con fuerza desplazando a regiones anteriormente
protagónicas como las había sido el Bajío.

El capital extranjero dominaba, casi de manera absoluta, la
minería, la explotación petrolera, la banca y los ferrocarriles; diversos
rubros económicos registraron un extraordinario crecimiento: en 20 años, se
triplicó la producción de plata; el valor de la producción de cobre pasó de 260
mil a 32 millones de pesos; en tanto la producción de henequén se disparó a de
tres mil pacas anuales al iniciar el Porfiriato a un millón de sacaste al
finalizar el régimen.
El crecimiento económico fue un promedio de 2.7% anual,
llegando a 3.3% en 1900-1910. Hubo sectores particularmente dinámicos como el
minero que creció, entre 1877-1901, 7.3%; las exportaciones agrícolas crecieron
6.1%, en tanto que la agricultura en general tuvo un incremento global de 0.5%.
Modernización nacional.
Los avances tecnológicos más importantes de la época
arribaron a nuestro país y lo transformaron de manera sensible. La
modernización Porfirista se vio claramente reflejada en dos ámbitos de la vida
nacional: El económico y el administrativo
el crecimiento económico, impacto ciertos rubros de la
economía nacional. En lo administrativo, el gobierno retomó el control directo
del territorio nacional y el estado nacional se fortaleció, en detrimento de
los países federalistas consogrados en la constitución de 1857.
La modernización económica registrada fue posible, entre
otros factore, gracias a la expansión del ferrocarril, y al tenido de las redes
telegráficas y telefónicas. El ferrocarril era considerado "la palanca del
progreso", y durante el Porfiriato México cubrió su territorio con vías de
acero, de norte a sur y en este a oeste.
Como resultado a lo anterior, las exportaciones hacía
Estados Unidos se vieron notablemente favorecidas con el ferrocarril, al
finalizar el siglo XIX, alrededor de 70% del total de las exportaciones
mexicanas tenían como destino el vecino país del norte. Esto provocó una
estrecha dependencia económica hacia Estados Unidos, circunstancias que hizo
que Porfirio Díaz exclamara "Pobre de México, tan lejos de Dios y tan
cerca de Estados Unidos"